
Hay muchas tartas de queso, pero como esta, muy pocas. Tiene una textura muy cremosa y un sabor tan, tan bueno que querréis repetir seguro. Al loro que esta tarta es un tesoro.
Ingredientes:
80 g. de queso cheddar curado.
250 ml. de nata para montar.
490 g de. queso crema
20 g. de Maicena.
235 g. de azúcar.
6 huevos.
2 yemas de huevo.
Para la base.
125 g de galletas (pueden ser sin gluten).
45 g. de mantequilla.
Para la base trituramos las galletas y las mezclamos con la mantequilla bien blandita (en pomada).
Para que no se escape nada del relleno, colocamos un papel de horno en el fondo del molde desmontable que vamos a utilizar, en nuestro caso de 23 cm.
Hacemos una base de galleta, tapando bien los bordes y una vez lista, lo metemos en el congelador para que endurezca.
A continuación precalentamos el horno a 180º C y seguimos a lo nuestro.
Calentamos la nata sin que llegue a hervir y echamos el queso cheddar rallado, revolviendo hasta que se deshaga. Añadimos el resto de los ingredientes, los trituramos bien con la batidora y los vertemos encima de la galleta que habíamos metido al congelador.
Horneamos durante unos 30 minutos, dependiendo de nuestro horno. Si tenéis un termómetro, cuando el centro alcance 65-67ºC. El truco es mirar que los bordes de la tarta hayan “crecido” y se vean hechos y el centro aún este cremoso.
La sacamos y cuando esté ya fría la metemos en la nevera durante unas 4 horas.
Toque súper delicioso:
Espolvoreamos azúcar por encima y la requemamos con un soplete o con un quemador de arroz con leche. Esto le da un toque crujiente que es absolutamente irresistible.
Y como dijo la escritora Sarah Ockler:
“Nunca he encontrado un problema que un verdadero pastelito no pueda arreglar”